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Revista AltoTorque

Volvo reutiliza baterías de carros eléctricos para llevar energía solar a comunidades rurales de Colombia
Foto: Volvo / Vista aérea de una de las comunidades beneficiadas por el Reto Ilumina Colombia 2.0. El panel solar instalado y el Volvo sobre la trocha resumen la propuesta: tecnología de ciudad aplicada a la Colombia rural donde la red eléctrica a veces no llega.

Volvo reutiliza baterías de sus autos eléctricos para llevar energía solar a una escuela en Ginebra y un comedor en Palmira. Así funciona el Reto Ilumina Colombia 2.0

En Colombia hay 1,32 millones de hogares con déficit de energía eléctrica. Más del 80% de ellos están en zonas rurales donde la red nunca llegó, no por falta de voluntad sino por una combinación de geografía difícil, costos de infraestructura prohibitivos y décadas de postergación institucional. En esas comunidades, una nevera apagada no es una molestia: es comida perdida. Una clase sin luz no es un inconveniente: es una oportunidad educativa que no ocurrió. Algunas de esas zonas pasan hasta 72 horas continuas sin electricidad, veinte veces más tiempo que cualquier corte en una ciudad colombiana.

Volvo Cars, marca representada por Astara en Colombia, lleva desde 2025 trabajando en una respuesta concreta a esa realidad con el #RetoIluminaColombia, una iniciativa que da una segunda vida a las baterías en desuso de sus vehículos electrificados, repotenciándolas para convertirlas en sistemas de almacenamiento de energía solar destinados a comunidades rurales. En 2026, la versión 2.0 del proyecto amplió su alcance, con resultados que sus beneficiarias pueden describir con nombres propios y situaciones concretas.

Qué pasa con una batería eléctrica cuando ya no puede mover un carro

Hay una pregunta que la industria automotriz lleva años esquivando con discreción: ¿qué se hace con las baterías de los vehículos eléctricos cuando su capacidad cae por debajo del umbral mínimo para la tracción? Una batería que ya no puede mover un carro de forma eficiente (generalmente cuando pierde entre el 20% y el 30% de su capacidad original) todavía conserva energía suficiente para usos estacionarios donde no se necesita la densidad energética que exige un motor de tracción.

El proyecto, ejecutado y articulado por Dynamo Projects (una empresa colombiana que lidera procesos de transición energética en zonas rurales), recupera esas baterías, las evalúa, las repotencia y las integra como sistemas de almacenamiento para paneles solares. El resultado es una unidad que capta energía durante el día y la guarda para suministrarla de forma estable durante la noche o en los períodos de nubosidad.

El talón de Aquiles histórico de la energía solar ha sido exactamente ese: que el sol no siempre brilla cuando se necesita la electricidad. Los paneles generan durante el día pero las necesidades más críticas de una escuela o un comedor comunitario ocurren también en la tarde y en la noche. Una batería que almacena lo generado durante las horas de mayor radiación resuelve ese problema sin necesidad de conectarse a una red que, en esas zonas, no existe.

Las dos comunidades de la versión 2.0

Volvo reutiliza baterías de carros eléctricos para llevar energía solar a comunidades rurales de Colombia
Foto: Cesar Abril – tulius007 / Clara Inés Rivas, gestora del comedor comunitario de Tienda Nueva en Palmira, durante la presentación del Reto Ilumina Colombia 2.0. Su testimonio resume en términos cotidianos lo que significa tener energía estable: el refrigerador no se apaga, los alimentos no se pierden, la comida alcanza para más personas.

La primera comunidad beneficiada en esta segunda edición es la Institución Educativa de Desarrollo Rural La Selva, en Ginebra, Valle del Cauca, donde 30 estudiantes de primaria que enfrentan limitaciones geográficas, de desigualdad estructural y monetaria son los primeros en recibir el impacto del proyecto. La segunda es el comedor comunitario de Tienda Nueva, en Palmira, que brinda alimentación a más de 50 personas mejorando su calidad de vida.

En el caso de la escuela de Ginebra, la energía estable significa poder estudiar en la tarde y en la noche, conservar materiales educativos que requieren refrigeración o conectividad, y garantizar que las actividades académicas no se interrumpan por cortes de luz que en esa zona podían durar días. Para los 30 estudiantes de primaria de La Selva, que ya tienen suficientes barreras estructurales en su camino hacia la educación, no tener que sumar la falta de luz a esa lista es un cambio concreto.

En Tienda Nueva, Clara Inés Rivas gestiona el comedor comunitario que da alimentación a más de 50 personas. Su testimonio describe el problema con una claridad que ningún informe técnico podría superar: antes del proyecto, cada corte de luz era también un corte en la cadena de frío. Los alimentos en el refrigerador se perdían, la comida preparada no podía conservarse y el servicio del comedor quedaba comprometido. Con la batería Volvo funcionando como respaldo del panel solar, el refrigerador no se apaga, los alimentos se preservan y las 50 personas que dependen del comedor pueden seguir comiendo.

El año anterior: Nashira, la ecoaldea que fue primera

En 2025, la primera edición del #RetoIluminaColombia benefició a la ecoaldea Nashira, ubicada en Palmira, Valle del Cauca, una comunidad habitada por 88 mujeres cabeza de hogar, muchas de ellas víctimas del conflicto armado, que han construido una comunidad autosostenible. Gracias a la instalación de los sistemas de batería Volvo, la cocina comunitaria de Nashira pudo operar sin las restricciones que antes imponían los cortes de luz.

Lo que empezó como un piloto con una sola comunidad y una sola batería tiene ahora metodología probada, alianzas establecidas y resultados documentados que permiten escalar el proyecto. La versión 2.0 no duplicó simplemente el número de comunidades: incorporó también un componente de apropiación comunitaria que la versión original no tenía en la misma profundidad. Junto a Dynamo Projects, Volvo impulsó procesos de capacitación y liderazgo local para que las propias comunidades administren los sistemas energéticos instalados, sin depender de visitas técnicas externas para el mantenimiento básico.

“Entendimos que una batería no muere cuando deja de impulsar un vehículo, sino que aún puede convertirse en una solución para otras personas. Junto a un aliado estratégico decidimos reestructurarlas para que pudieran almacenar energía solar de forma eficiente y segura, llevando energía estable a comunidades rurales”, señaló Nicolás Olarte, gerente de Posventa de Volvo Cars Colombia.

Por qué esto importa más allá de Volvo

La pregunta que dejó Nashira en 2025 y que Ginebra y Palmira refuerzan en 2026 no es específicamente sobre Volvo. Es sobre qué se hace con las baterías de los millones de vehículos eléctricos que circularán en Colombia y en el mundo durante los próximos veinte años.

Según el Plan Indicativo de Expansión de Cobertura de la Unidad de Planeación Minero Energética (UPME), el déficit energético afecta a 1,32 millones de hogares colombianos, con más del 80% ubicados en zonas rurales. Ese número no va a resolverse con baterías recicladas de carros de lujo. Pero establece un precedente técnico y metodológico que tiene valor más allá de sus beneficiarios directos: demuestra que la segunda vida de una batería automotriz puede ser un sistema de almacenamiento energético funcional, instalable en zonas remotas y operable por las propias comunidades sin formación técnica especializada.

“En un mercado muy competitivo, no sacrificamos nuestra visión de marca. Cuidamos a las personas y queremos avanzar hacia una movilidad segura y sostenible; no es solo un principio: son acciones concretas que hoy vuelven

La iniciativa suma voces de la cultura y el entretenimiento colombiano para amplificar las historias de las comunidades: Claudia Bahamón, Carlos Torres, Harry Sasson y Carlos Montoya, entre otros, apadrinarán relatos de las comunidades beneficiadas bajo el nombre Retratos de la Luz. La narrativa amplificada no cambia el impacto técnico del proyecto, pero sí amplía el alcance de la historia de Clara Inés Rivas y los 30 estudiantes de La Selva hacia audiencias que de otra forma no llegarían a conocerla.

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