
El Gobierno Nacional publicó el borrador de un decreto para crear el régimen RTE-E, un esquema de incentivos arancelarios y técnicos que busca atraer a gigantes globales para fabricar autos BEV y PHEV en el territorio de Colombia.
Durante años, Colombia ha sido principalmente un mercado para los vehículos fabricados en el exterior. Ahora, el Gobierno de Gustavo Petro quiere cambiar esa realidad. A través de un proyecto de decreto, el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo propone la creación del Régimen de Transformación y Ensamble para Vehículos Eléctricos (RTE-E), una estrategia que busca atraer fabricantes, generar empleo y sentar las bases para una industria nacional de movilidad eléctrica.
Una apuesta para reindustrializar el sector automotor
El plan del Gobierno va mucho más allá de aumentar la oferta de vehículos eléctricos en el país. La apuesta es convertir a Colombia en un destino atractivo para la inversión extranjera y sentar las bases de una nueva etapa industrial, en la que las marcas no solo importen vehículos terminados, sino que también instalen operaciones de ensamblaje que generen empleo especializado, impulsen la transferencia de tecnología y fortalezcan la cadena productiva local.
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¿Qué propone el nuevo régimen?
Para lograrlo, el Ministerio de Comercio propuso la creación del Régimen de Transformación y Ensamble de Vehículos Electrificados (RTE-E), un esquema que otorgaría condiciones aduaneras y tributarias especiales a las empresas interesadas en ensamblar o transformar vehículos electrificados en territorio colombiano.
La iniciativa cobija un amplio abanico de tecnologías, desde vehículos eléctricos puros (BEV) e híbridos enchufables (PHEV), hasta eléctricos de autonomía extendida (EREV), además de buses y camiones electrificados destinados al transporte de pasajeros y carga.

Los incentivos para atraer fabricantes
La estrategia busca hacer más atractiva la instalación de plantas de ensamble en Colombia mediante incentivos que reduzcan los costos de entrada para los fabricantes. Entre los beneficios contemplados se encuentran facilidades para importar maquinaria y equipos, ventajas arancelarias para el ingreso de componentes y cupos especiales de importación de vehículos terminados como contraprestación a las inversiones realizadas en el país.
En otras palabras, el Gobierno pretende crear condiciones que permitan a Colombia competir con otros países de la región en la atracción de proyectos industriales relacionados con la movilidad eléctrica.
Del ensamblaje básico a una industria más compleja
La posibilidad de fabricar vehículos en Colombia no significa que las marcas vayan a construir automóviles completamente desde cero en el corto plazo. El escenario más probable es que comiencen con sistemas de ensamblaje conocidos como SKD (Semi Knocked Down), en los que los vehículos llegan parcialmente armados para completar su montaje localmente.
Con el tiempo, el objetivo sería avanzar hacia esquemas CKD (Completely Knocked Down), donde las piezas llegan totalmente desarmadas y el ensamblaje se realiza de manera integral en el país. Este proceso permitiría aumentar gradualmente el contenido local de los vehículos y desarrollar mayores capacidades industriales.
Una oportunidad para los proveedores colombianos
La transición también podría abrir nuevas oportunidades para la industria nacional de autopartes. Empresas que tradicionalmente han producido componentes como vidrios, asientos o sistemas eléctricos tendrían la posibilidad de evolucionar hacia la fabricación de elementos más complejos asociados a la movilidad eléctrica, incluyendo sistemas de gestión térmica para baterías, electrónica de potencia y software de control.
El interés de las marcas chinas
El contexto internacional juega a favor de la propuesta. Mientras mercados como Estados Unidos y Europa han endurecido las condiciones para la entrada de vehículos fabricados en China mediante nuevos aranceles, Colombia podría convertirse en una plataforma estratégica para fabricantes asiáticos interesados en expandir su presencia en América Latina.

Marcas como BYD, Geely, Chery, GWM y SAIC Motor ya han demostrado interés en fortalecer sus operaciones regionales, y una eventual producción local les permitiría aprovechar los acuerdos comerciales vigentes para exportar a otros países de la región en condiciones competitivas.
Los retos por superar
No obstante, el camino no está exento de desafíos. El tamaño del mercado colombiano sigue siendo reducido frente a gigantes regionales como Brasil o México, lo que limita las economías de escala necesarias para atraer grandes inversiones manufactureras.
A esto se suman los altos costos logísticos derivados de las dificultades de infraestructura y la necesidad de desarrollar una red de proveedores capaz de fabricar componentes de alta tecnología para los nuevos sistemas de electrificación.
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¿Puede Colombia convertirse en un productor regional?
Por ahora, el proyecto representa una de las apuestas más ambiciosas del Gobierno para transformar la industria automotriz nacional. Si logra atraer inversiones y consolidar operaciones de ensamblaje, Colombia podría comenzar a posicionarse como un actor relevante en la producción de vehículos electrificados en América Latina y dar un paso importante hacia una movilidad más limpia con sello nacional.
Más allá de los decretos y los incentivos, el verdadero desafío será demostrar que el país puede ofrecer las condiciones de estabilidad, infraestructura y competitividad necesarias para convencer a los fabricantes de apostar por Colombia como un nuevo centro de producción para la región ambicioso que pondrá a prueba la capacidad del país para competir en la liga de la tecnología automotriz global.
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